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Si lo que se busca es estimular la imaginación y la despreocupación a través de las papilas gustativas, platos como el Canelón 2001, el Ciervo con frutos rojos, el Parmentier de calamar con cebolla y guisantes, el Cappuccino de conejo con chocolate, la Torrija de queso de cabra con fruta helada… llevan a la ilusión, (falsa, efímera, pero muy placentera), de que la felicidad, como decía Groucho Marx, “está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”

Capaz como pocos de fusionar en tiempo futuro los sabores que salían de los fogones antiguos, Tomeu Caldentey conjuga los verbos de la cocina mallorquina en clave vanguardista, atento a las tendencias pero, sobre todo, a los deseos y apetitos más íntimos de sus comensales, de los que es un profundo analista y conocedor.

La técnica en sus manos solo es un artificio para provocar en la mesa la mirada cómplice y una conversación sosegada, placentera, gustativa… como el suave oleaje mediterráneo.

Apoyado en la amplitud de sus instalaciones y en la calidez de su equipo, con la primera estrella Michelin para un mallorquín brillando sobre su aureola, Tomeu Caldentey deposita todo el peso del servicio de sala de Es Molí d’en Bou en Manuel Pérez, maître y sumiller.

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