En la historia de la música balear del último medio siglo hay tres momentos decisivos que forman una especie de triángulo harmónico, que ha cambiado el panorama de arriba a abajo.

El primero de ellos es la construcción del Auditòrium de Palma hace cincuenta años (se inauguró el mes de septiembre de 1969). Lo que ha representado y representa este edificio para la dinamización musical de la isla de Mallorca es impagable. Primero porque por la sala Magna han pasado las mejores orquestas del mundo así como los grandes solistas, pero también porque los artistas y formaciones de aquí ha tenido un espacio donde mostrar sus creaciones. Sin el Auditorium estaríamos hablando de otra historia muy diferente, menos normalizada.

El segundo, y no necesariamente en ese orden, es la creación del Conservatorio Superior. Los estudios musicales de rango universitario han sido y son fundamentales para que se fomente aquí la profesionalización de instrumentistas.

Y el tercero es, sin duda, la Orquestra Simfònica, la formación que acaba de cumplir treinta años (su primer concierto fue el 30 de septiembre de 1989). La Orquestra ha sido un revulsivo para que nuestros músicos puedan trabajar más y mejor. Por una parte los compositores de aquí tienen un incentivo para la creación musical. Por otra los instrumentistas tienen un objetivo de trabajo, los que piensan convertirse en músicos profesionales de atril y los que pretenden trabajar como solistas. Pero también los melómanos. Sin la orquesta no tendríamos ocasión de escuchar en vivo las partituras de todos los tiempos. Estaríamos huérfanos de Beethoven, Mozart o Brahms.

La Orquestra ha sido un revulsivo para que nuestros músicos puedan trabajar más y mejor.

Así que esos tres son los vértices del triángulo sobre el que se apoya el movimiento musical isleño. Que, digámoslo sin tapujos, es enorme y muy variado.

De todas maneras con la Simfònica actual no nació el sinfonismo en la isla. Para ello tenemos que remontarnos a la década de los años cuarenta del siglo pasado, cuando unos ilustres aficionados decidieron crear la Orquestra Simfònica de Mallorca, que tuvo la suerte de poder contar con un director titular ilustre, nada menos que el coreano Eaktai Ahn, que había conocido y trabajado con alguno de los grandes maestros europeos de la época. De hecho hay una fotografía muy curiosa que muestra al músico intercambiando opiniones con Richard Strauss.

Con Ekatai Ahn y esa primera orquesta mallorquina, que no era profesional, se empezaron a escuchar las obras maestras de la música sinfónica del clasicismo, el romanticismo y los primeros años del siglo XX. Cuenta la historia que cuando el maestro Eaktai Ahn veía por Palma, durante uno de sus paseos, a alguien con un estuche de violín o de cualquier otro instrumento, paraba y le pedía que formara parte de la sinfónica. Basta esta anécdota para indicar que la profesionalización no era el fuerte del grupo. Pero, eso sí, la ilusión y las ganas suplían la falta de conocimientos. Debemos recomendar un precioso libro que explica todo ese período de la historia musical; se trata de Mallorca y Eaktay Ahn, escrito por su mujer, Dolores Talavera en el año 1972 y reeditado por el Ayuntamiento de Palma en el año 2006.

De esa Orquesta de Mallorca debemos pasar a la Orquesta Ciudad de Palma, que, dirigida por el valenciano Julio Ribelles (que era también director de la Banda Municipal de Palma), ocupó durante unos años el vacío que había dejado la ausencia de Eaktai Ahn. Esa segunda formación estaba formada por algunos músicos profesionales (mayoritariamente los de las secciones de vientos, pues eran de la Banda Municipal) y otros que no lo eran (muchos de los de cuerdas). Pero, eso sí, daba conciertos en el Auditòrium de Palma de forma estable.

Y llegamos al año 1989, cuando las diferentes formaciones políticas que gobernaban en Palma, Mallorca y Balears decidieron crear una Orquesta profesional, a partir de una Fundación en la que estaban representados miembros del Govern, el Consell Insular y el Ajuntament de Palma. Esa “Fundació per a la Música” fue el embrión que dio cobertura legal a la Orquestra Simfònica de Balears “Ciutat de Palma”, que posteriormente pasó a Orquestra Simfònica de Balears al asumir íntegramente la coordinación y el patrocinio la Conselleria de Cultura.

Por tanto la gran diferencia entre esa formación actual y las dos precedentes es la profesionalización. La orquesta que tenemos ahora está formada por músicos profesionales, dejando atrás ese voluntarismo que fue tan necesario e importante durante más de cuarenta años.

Texto: Pere Estelrich i Massutí
Foto: SIMFÒNICA, ARCHIVO DM

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