Textos: ASR| Fotos: Ingimage

Islandia es, posiblemente, el gran desconocido de los países que conforman la UE. Es una isla que ocupa la parte más occidental del continente europeo. De una extensión de algo más de cien mil km2 -mayor que Portugal o Irlanda para hacernos una idea- de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda por sus hazañas futbolísticas tras conseguir clasificarse tanto para los recientes Campeonatos Europeos y Mundial y obtener dignos resultados en ambos. Sus barbudos jugadores fueron considerados adalides de este deporte que alternaban con sus profesiones habituales: barberos, dentistas, etc. También fueron muy comentadas sus políticas tras la gran crisis de 2008 donde enjuiciaron al primer ministro e hicieron corresponsables económicos a los bancos, negándose a pagar la deuda. Muy distintos de otras latitudes. Pero si en algo destaca Islandia, un país de poco más de 350.000 habitantes, menos que Palma, es por su atípica sociedad que la convierte en el sexto país más desarrollado del mundo y en el primero en el índice de paz y no violencia.

Desde hace unos años Islandia se ha convertido, además, en un punto único para hacer turismo y conocer un territorio muy distinto del mediterráneo que conocemos. Y justo ahora, en verano, es el momento para conocerla. Islandia es una isla en el extremo del mundo y en el extremo de lo habitable. Pero al mismo tiempo, Islandia en un destino turístico cada vez más apreciado por los viajeros. Un viaje por un destino que combina una historia increíble, una naturaleza sublime y espectacular, un compendio, finalmente, de lo que es el viaje. Esa sensación indescriptible que es una mezcla de soledad y de armonía, de pasión, velocidad y calma.

Islandia es todo lo contrario de un destino para los turistas pasivos. Se trata de un camino a explorar y descubrir, donde estaremos solos, y donde tendremos que contar con los otros. Una isla mágica donde reencontrarse con el espacio y disfrutar del aire puro. Islandia posee decenas de volcanes, algunos de los cuales con sus erupciones perturban el tráfico aéreo de media Europa; fallas que la recorren de Este a Oeste; glaciares inmensos; lagos; islas que surgen de la nada en mitad del océano, bahías y fiordos profundos. Paisajes para mantenernos en silencio y disfrutar de esas imágenes que nos acompañarán el resto de nuestra vida.

Nada más aterrizar, la península de Reyjkanes es ya un paraíso para el viajero. Faros como el de Gardur, fallas, campos de lava, centros geotermales, lagunas azules y cementerios de barcos como el de Gríndaviknos transportan a otro planeta. Y solo es un anticipo de todo lo que veremos en Islandia.

Su pasado volcánico está muy presente. Así surgió en 1963 la isla de Surtsey el territorio más joven de la tierra. 130 de sus 200 volcanes están activos y cuando despiertan suelen ser temibles. De hecho, toda la península de Snaefellsnes es otro de los destinos que no hay que perderse. Pueblos como Olafvik, Arnarstapi o Stylkkishólmur, acantilados, cráteres, fiordos, montes inconcebibles, caminos perdidos y granjas salpicando un territorio virgen y majestuoso. Uno de los lugares más espectaculares de todo viaje a Islandia.

La mayoría de los que visitan Islandia lo hacen en busca de sus glaciares, el Vatnajökull, el Hofsjökull, el Langjökull y el Mýrdalsjökull. Estas reservas de agua dulce alimentan cursos de agua y lagos como el Thingvallavatn  (Þingvallavatn). La falla de Silfra, marca la dorsal que separa América de Europa, donde se bucea en las aguas más cristalinas y puras del planeta.

Las cascadas de Islandia son muestras de la tierra y algunas se encuentran entre los monumentos naturales más importantes de Islandia. La más famosa e ineludible, pues forma parte del circuito turístico del Golden Circle o Círculo de oro, es la de Gullfoss.

Otro de sus atractivos turísticos más importantes es el Blue Lagoon (Bláa Lónið), el Lago Azul, situado frente a las torres de la estación geotérmica, una de las plantas que alimentan a Islandia de energía barata y ecológica. En este paradisiaco lugar, en invierno o en verano es posible disfrutar de baños termales en un entorno prodigioso (no es el único, pero si el más conocido y caro).

El agua y el hielo se funden en dos lugares mágicos de Islandia. Ambos situados al sur del país y no demasiado lejos muestran las maravillas de este país. El lago glaciar de Jokulsarlon, lago creado en siglo XX por la fusión de los hielos del glaciar de Vatnajokull. No muy lejos las cuevas glaciares de Skaftefell muestran bóveda helada esculpida por la naturaleza, que se hacen y deshacen con las estaciones.

También en la zona sur hay que visitar Vik i Myrdal, un pequeño pueblecito entre Landmannalaugar y Jokulsarlon. Junto al pueblecito se encuentran los acantilados de Reynisfjall que terminan en unos islotes agudos, las columnas o aguja de Reynisdrangar. Y del otro lado la espectacular playa de arena negra de Reynisfjara y el Arco de Dyrholaey, una meseta anclada entre marismas y paisajes dignos de las novelas de Lovecraft.

Los geisers, palabra de origen islandés, son otra de las manifestaciones de la lucha titánica que cruje bajo Islandia. El más famoso, el de Strokkur expele agua y vapor cada 14 minutos en el parque de Haukadalur, que forma parte de la ruta del Círculo Dorado.

Las auroras boleares son otro de los fenómenos que podremos observar al visitar Islandia. Esas cortinas de reverberaciones y choques de partículas son otra de las maravillas de allí. Para visitarlas hay que ir desde octubre hasta marzo. En verano, a pesar del buen tiempo y precisamente por ello, las Auroras Boreales no son visibles.

Aunque no hay vuelos directos desde Baleares, es fácil encontrar combinaciones vía Alemania, Reino Unido o Madrid.

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