Texto: P. F. y A.R. | Fotografías: ARCHIVO DM – shutterstock

La primera Vespa fue presentada en 1946 en Italia, justo tras el final de la II Guerra Mundial. Su nombre llega a raíz de la comparación que el propietario de la marca, Enrico Piaggio, estableció por su parecido con el insecto (avispa) en la anchura de su parte trasera así como los tubos y el manillar asociados a las antenas. Durante su primer año de vida se producen 2.484 vehículos. Diez años después serán 40 veces más. Es el inicio de la aventura del scooter más famoso del mundo. Costaba unas 55 mil liras. Unos 35€ de la época.

El fenómeno no tardó en pasar la frontera española y, en concreto, cruzando el Mediterráneo para llegar a Mallorca ya en la década de los años 50. Desde entonces nuestras islas, por su climatología y las cortas distancias, han sido un lugar ideal para pasear con una vespa. La llegada de las marcas de ciclomotores asiáticos ha reducido sensiblemente el porcentaje de mercado de este modelo de Piaggio, pero por otro lado ha rodeado de una aureola mítica a los poseedores de los modelos más conocidos de la marca, los de chapa metálica, y ha hecho que llevar o poseer una vespa sea una seña de identidad.

“El mundo de la Vespa es un estilo de vida”, nos explica Xisco Clapés. Es uno de los fundadores del Xapilles Scooter Mallorca, agrupación de amantes de la Vespa de chapa con un mínimo de 25 años de antigüedad, argumenta que se transmite “por sentimiento familiar antes que por la fiabilidad del vehículo como motocicleta”.

Clapés, aunque nació en Barcelona, lleva 30 años en Mallorca. “Nada más llegar, di la vuelta a la isla en mi Vespa 75. Entonces no conocía a mucha gente y, con el tiempo, percibí el interés que existía aquí por la Vespa”, reconoce. El veterano amante de la scooter italiana agrega que fue “conociendo a otros aficionados y sus historias no eran muy distintas a la mía porque, en aquel entonces, para cualquier adolescente era un sueño tener una Vespa”.

El entendido en el mundo de la Vespa apunta que descubrió “agrupaciones locales con diez y quince años de trayectoria” añadiendo que los mallorquines guardan muchas similitudes “con los movimientos del mediterráneo como Catalunya y Valencia, con una o dos motos, una buena preparación, sin la necesidad de hacer ostentación y con la merienda como elemento fundamental de las quedadas sociales”.

El movimiento de la Vespa en Mallorca se vertebra a través de catorce asociaciones y clubes que organizan eventos de todo tipo. El Xapilles Scooter Mallorca lleva a cabo el MotoXapa, que en 2017 congregó a 250 inscritos, además de rutas por la Serra de Tramuntana o al faro de Formentor. Borinos Mallorca realiza anualmente La Volta a Mallorca en Scooter Clásica que congrega a 120 participantes de media. Otros como el Mallorca Vespa Club se aventuran a acudir a eventos internacionales como el Euro Lambretta o el Vespa World Days.

A nivel competitivo, los amantes de la Vespa mallorquines se encuentran con el problema de la falta de circuitos. Clapés reconoce que “hay poca disponibilidad en Llucmajor y en contadas ocasiones entrenamos en Ca’n Picafort” y afirma que el aliciente es “poder correr en un sitio cerrado, seguro y por un precio asequible.”. En 2018 un equipo mallorquín tomó parte en el Campeonato de España de Resistencia en Zuera.

Hoy en día, con el auge de las redes sociales, este fenómeno también ha encontrado su altavoz. Clapés reconoce que es una herramienta “ideal para estrechar lazos y echar una mano a los principiantes que tienen dudas a la hora de montar piezas”, enfatizando en la importancia de una buena orientación “para aquellos que llegan a este mundo con inquietudes y quieren realizar una restauración decente de su Vespa”. El fogueado motero apunta también a la utilidad para contactar “con otros aficionados alemanes y británicos que traen su moto a la isla y se les ofrecen rutas para conocer rincones espectaculares”.

En este sentido, nos insisten que esta es una afición “artesanal porque muchos recambios son refabricados, los originales se encuentran descatalogados y ello te obliga a ajustar, limar y soldar para adaptarlo a tu moto”. La Vespa también se tunea en mejoras como “la iluminación electrónica por una cuestión de seguridad y ya no se usan los neumáticos Pirelli cuadrados que no agarran como los de hoy en día”.

El futuro del mundo de la Vespa sobrevivirá gracias a “la transmisión familiar y la gente que, en diferentes periodos de forma oscilante, nutre el movimiento como una moda y lo mantiene a flote”, reconociendo que las restricciones de las ITV sí amenazan “la autenticidad de la Vespa como vehículo clásico”.

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