Josep Planas

El legado fotográfico de Josep Planas Montanyà representa un fiel testimonio del vertiginoso desarrollo y promoción turística de Mallorca en los años 50 y 60 del siglo pasado. Nacido en Cardona (Catalunya) en 1924, centró los años más importantes de su vida como fotógrafo tras quedarse a vivir en la isla después de finalizar el servicio militar obligatorio. Planas falleció en 2016 pero su obra perdura, como un retrato que inmortaliza la revolución que supuso para los mallorquines la industria del turismo, gracias al archivo que conservan sus nietas.

De familia dedicada al oficio de molinero y la herrería, Planas se inició en el campo de la fotografía cuando tenía 16 años. Como él recordaba en una entrevista “me regalaron una cámara por mi santo y la estrené subiendo a Montserrat para cumplir una promesa tras haber finalizado la Guerra Civil”. Considerándose autodidacta, nuestro joven protagonista fue desarrollando su pasión paralelamente a sus actividades deportivas, participando como atleta en el Campeonato Europeo de la Juventud celebrado en Italia en 1942, además de sus obligaciones con el servicio militar.

En este último capítulo arranca su vinculación con la isla. Destinado en un cuartel de Palma de Mallorca, Planas llegó con su inseparable cámara y la inherente afición por las instantáneas. “Quise quedarme para dedicarme a la fotografía porque la ciudad ofrecía muchas posibilidades”, destacó en su día. La primera tienda que abrió fue la de la calle Colón, en 1947, naciendo allí la empresa Casa Planas. Al principio sus trabajos se centraron en realizar fotos deportivas, teatro y costumbres regionales llegando a adquirir cierta popularidad. El siguiente salto hacia adelante se produjo en 1955 con la apertura de la casa central en la calle Antonio Maura.

Hotel Delfin

La dimensión que llegó a representar Casa Planas puede resumirse en los veintiún establecimientos abiertos con una plantilla de 160 empleados. El producto más exitoso durante el boom turístico era la venta de postales. La Seu podía alcanzar las 25.000 copias vendidas al año. Otros monumentos como el Castell de Bellver, la Llotja o imágenes del puerto tenían una salida de cinco mil copias de media anual. A este volumen hay que añadir el servicio de reportajes fotográficos por encargo, alcanzando los ochocientos de media cada doce meses.

La frenética actividad desarrollada por Casa Planas encontró su punto álgido, más allá de la venta de postales, en la promoción turística. Josep Planas trabajó para entidades como Fomento, la Cámara de Comercio y colaboró activamente con el Ministerio de Turismo e Información. Este último estamento, dirigido por el ministro Manuel Fraga con quien llegó a tener relación, le encargaba desde Madrid los folletos publicitarios y carteles relacionados con Mallorca.

Una de las innovaciones que introdujo Planas para poder inmortalizar sus postales desde otra perspectiva, fue apostar por la fotografía aérea. Como recuerda su nieta Marina, “al principio las realizaba en una avioneta pero se dio cuneta que le salía más a cuenta invertir en un helicóptero siendo el primero llevarlo a cabo”. El propio fotógrafo subrayó en una entrevista que el helicóptero “era una plataforma que me permitía utilizar cualquier altura y perspectiva deseada para hoteles y playas” además de confesar que, para él, era “muy divertido volar”.

Mallorca llamó también la atención de numerosas celebridades populares de todo el mundo. Estrellas de cine y personalidades de la cultura visitaban la isla como los miles de turistas que aterrizaban y desembarcaban en Palma a diario durante la temporada estival. En este contexto, la actividad de Josep Planas era fundamental para inmortalizar la imagen que prestaban estos rostros conocidos durante su estancia para potenciar la marca turística.

Los directores de los hoteles me llamaban cuando alguna personalidad se hospedaba en su hotel”, apuntaba el fotógrafo que conoció a reconocidos actores y como Joan Fontaine, Douglas Fiarbanks, Gustav Frohlich, Cela, Errol Flynn, Charles Chaplin, Yvonne De Carlo, John Ullbricht o Anthony Kerrigan. Esta vinculación permitió a Planas colaborar con la revista Fotogramas y la francesa Cine Monde.

Marina Planas recuerda una célebre anécdota de su abuelo cuando la actriz Joan Fontaine bajó del Hotel Formentor a Palma y visitó la tienda de Casa Planas en Colón. “Se armó un gran revuelo porque la gente de aquella época no estaba acostumbrada a ver a estrellas de Hollywood en nuestras calles”, declaraba la nieta del fotógrafo agregando que “se bloqueó incluso el paso del tranvía que salía de la plaza de Cort por la aglomeración de personas”.

También tuvo contacto con personalidades de la cultura y artistas como Francesc de Borja Moll, Joan Miró, Camilo José Cela, Blai Bonet o Baltasar Porcel quien llegó a declarar que Casa Planas “fue una escuela de fotografía única en la isla”. Desde hace cuatro años, la antigua fábrica y laboratorio de fotografía en Palma se ha convertido en un centro cultural y de creación promovido por su nieta Marina Planas junto a otros creativos. El edificio, que estaba en desuso desde 2002, abarca dos mil cuatrocientos metros cuadrados que contenían máquinas, fotografías y negativos que fueron recogidos, clasificados y ordenados con la finalidad de crear en un futuro un museo.

Marina, licenciada en Comunicación Audiovisual, cuenta con experiencia como vídeo-artista, escritora y gestora cultural trabajando en Barcelona y Nueva York. “Nos llevó mucho trabajo llevar a cabo el archivo de nuestro abuelo”, confiesa. Las imágenes más destacadas de la colección están a disposición de ser expuestas. “Llegar a elaborar un museo propio sobre el legado de Josep Planas es muy costoso y necesitamos la implicación de instituciones y también de entidades relacionadas con el turismo y que han sido protagonistas de su trabajo”, reivindica.

Actualmente, la obra de Planas está pendiente de digitalización por parte del Consell de Mallorca. Pero, como insiste Marina, “es un proceso lento porque hay lista de espera pero es algo urgente si queremos evitar que el paso del tiempo provoque que se pierda una colección de valor incalculable”. La nieta del fotógrafo describe que el vasto trabajo visual “es un retrato del pasado que debe servir como ejercicio para conocer cómo era nuestro entorno y en lo que lo estamos convirtiendo” agregando que la época de la década de los años 50 y 60 del siglo XXI “marcan un punto de inflexión en el desarrollo de la ciudad y la isla que mi abuelo inmortalizó a través de su trabajo”.

Texto: Pau Ferragut / Fotos: Archivo Casa Planas

 

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