Hace tan solo 30 años nadie podía ni siquiera soñar que hoy habría un centenar de bodegas de vino en Baleares. En 2018 exportamos vino a los países y lugares más insospechados. La cerveza artesanal es el nuevo sueño que está de moda, más sencillo, posible con mucha menor inversión y sin necesidad de grandes infraestructuras. Mallorca se ha lanzado a este nuevo reto y prueba de ello son la docena de marcas, consolidadas ya, que elaboran sus bebidas en diferentes puntos de la isla. Tomamos tres muestras para saborear más de cerca como se hace una cerveza artesana.

Miquel Amoros Crawford dirige Beer Lovers en Alcúdia y manifiesta que es un mercado difícil. “Solo una minoría de personas sabe diferenciar entre una cerveza artesana y una industrial. La cerveza artesana no ha alcanzado aún el estatus del vino”. Nos explica que a los consumidores no les importa pagar más por un buen vino, pero pocos quieren gastar más dinero en una cerveza de calidad.

Miguel comenzó su fábrica de cerveza junto con su hermano Felip en casa de la familia, ubicada en un callejón tranquilo del casco antiguo de Alcúdia. Los hermanos han estado trabajando durante cuatro años y han logrado un gran éxito con sus cervezas. Hace dos años su cerveza Negro, una cerveza imperial, recibió una medalla en el festival de cerveza en Bruselas.

Mallorca todavía tiene una producción pequeña y Miquel nos dice que hay alrededor de diez micro cervecerías en la isla. Juntos producen 300.000 litros de cerveza al año. Lo que no es nada cuando se compara con los viñedos locales que producen en torno a 6 millones de litros de vino al año. “Fabricamos un producto de alta calidad que debería recibir el mismo reconocimiento que un buen vino”.

El productor de cerveza pasa mucho tiempo preparando sus recetas. La cerveza más apreciada de Beer Lovers vino por un error. Los hermanos estaban preparando su primera cerveza y resultó que el termómetro estaba equivocado y de repente la mezcla hervía y era urgente agregar los lúpulos. Las prisas trajeron el fallo de variar la fórmula y las cantidades y el error resultó en un éxito pues se ha convertido en la cerveza más vendida.

“Habíamos planeado preparar una pale ale, pero el resultado magistral fue una IPA (Indian Pale Ale)”, cuenta Miquel y se ríe. Nos explica que su cerveza no contiene conservantes añadidos y, por lo tanto, es más sensible a la luz, por eso la IPA viene en botellas de vidrio oscuro. Por lo general, se emplean alrededor de seis semanas para preparar una cerveza, la mitad del proceso se lleva a cabo en grandes recipientes de metal donde tiene lugar la primera fermentación. Luego, la cerveza se introduce en las botellas donde continúa la fermentación. Durante ese proceso, se crea el ácido carbónico natural y tres semanas más tarde está lista para beber. Miquel explica que una cerveza debe ser consumida con cierta celeridad porque el carácter de la cerveza se deteriora con el tiempo.

“La cerveza artesanal debe beberse localmente. Por lo tanto, no nos estamos centrando en la exportación porque es difícil controlar lo que sucede con la cerveza durante el transporte “, dice Miquel.

Nuestro segundo destino es Galilea, un núcleo importante en el mapa de las micro cervecerías de Mallorca. Fue en la cocina de Chelo Ferris y Sebastián Morey donde se hizo su primera cerveza artesanal.

Todo comenzó hace un par de años cuando Sebastián llegó a casa con todo el equipo para hacer una pequeña fábrica en la casa de la familia para consumo propio. Chelo no estaba especialmente impresionada con el nuevo ocio de su marido. Pero con el tiempo, su interés en el hobby de Sebastian aumentó. Después de dar a luz al tercer hijo de la pareja, decidió comenzar su micro cervecería, llamada Galilea. Chelo fue quien tomó la iniciativa de preparar cerveza a tiempo completo para tener más tiempo para sus hijos.

“Recuerdo cómo embotellé las primeras botellas de cerveza con mi hijo menor colgando de mi pecho”, dice Chelo nostálgicamente.

Han pasado ocho años desde que Chelo convirtió en oficio el pasatiempo de su marido. Ha desarrollado artesanalmente seis cervezas de calidad y se ha convertido en pionera de la cerveza en las Islas Baleares. Sebastián ha apoyado el éxito de su esposa y actualmente está trabajando también a tiempo completo con ella en la fábrica de cerveza que ha crecido desde la cocina familiar y se ha trasladado a mejores instalaciones en Puigpunyent.

El deseo de la pareja es llevar la producción a Galilea, donde han alquilado una gran granja. Ya cultivan lúpulo y en un par de semanas vendrán los primeros cerdos. Su objetivo es crear un ciclo natural en la granja donde la cerveza esté en el centro. Los restos de la producción de cerveza alimentan a los animales y con la levadura sobrante se puede hornear pan. En el patio, los visitantes beben cerveza fresca y comen otras delicias de la granja. Es un proceso lento, pero Chelo es paciente. Ella no ve una misión imposible, pero lleva tiempo cambiar la mentalidad de las persona.

Lluís Albert Rossilló ha seguido el mismo camino. Pero lo que lo separa de los demás es que no tiene su propia fábrica. Él tiene siete tipos de cerveza bajo el nombre Boscana. Su interés en la cerveza despegó cuando estudió en la escuela de hostelería en Palma y su profesora llevó a los estudiantes a un taller de elaboración de cerveza. Desde ese día, ha pasado muchos sábados fabricando cerveza.

“Creé todas mis cervezas en una tienda donde experimenté con la cerveza perfecta en pequeñas cantidades. Luego, tomé la receta para que una cervecería me la preparará en grandes cantidades”, explica.


La razón por la que eligió ser un creador de fantasía es evitar la gran inversión que significa tener una cervecería. Él preparó su primera cerveza con Chelo y Sebastián. Era una nata cremosa que no es común en el mercado pero que era una cerveza popular en los Estados Unidos en 1920 durante la prohibición. Como Lluís Albert viene del mundo de la restauración, es importante para él que su cerveza se pueda combinar con la comida. Trabaja en estrecha colaboración con varios de los mejores restaurantes de la isla. Los chefs Marc Fors y Macarena de Castro han utilizado su cerveza en sus menús de degustación.

Otras marcas son: Cervesa des Pla (Algaida) Forastera (Molinar) Sullerica (Soller), Myq (Alaró), Tramuntana (Palma), Nau (Santa María), Talaiòtika (Felanitx) Cas Cerveser

Texto y foto
Pär Olsson

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