De origen pagano, las Sibil·las, era adivinadoras y profetisas, sus oráculos eran seguidos por los fieles de las religiones grecorromanas anteriores al cristianismo.

Con el tiempo, algunos pastores de la Iglesia Cristiana creyeron encontrar en los mensajes de estas magas señales del advenimiento de Jesucristo y recuperaron la imagen de la Sibil·la introduciéndola en los ritos cristianos, como ya se había hecho en innumerables ocasiones en las que se aprovechaban festividades y ritos paganos fuertemente enraizados para introducirlos en las creencias cristianas.

De hecho, de las múltiples profecías lanzadas por estos oráculos, algunos coincidían con la fe cristiana. Una de las Sibil·las mas conocida, la de Eritres en el Asia menor, profetizó el apocalipsis en un discurso muy próximo al de los evangelios y, lo que es mas llamativo y que no puede tildarse de casualidad, es que el acróstico -las letras iniciales- de los 27 versos de esa profecía decían textualmente y traducido: Jesus Cristo Hijo de Dios Salvador.

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El canto de la Sibil·la en la noche previa a Navidad se extendió por todas las iglesias de Europa, manteniéndose durante muchos siglos vivo, pero luego fue desapareciendo paulatinamente, hasta quedar reducido a dos islas del Mediterráneo: Mallorca donde se canta en la mayoría de iglesias y Cerdeña, donde está circunscrito a la catedral de l’Alguer, y que comparte con nuestra isla sus orígenes y el idioma catalán. La caída en desuso del canto de la Sibil·la hay que buscarla en el Concilio de Trento, siglo XVI, donde se decide eliminar de las misas todos aquellos elementos musicales y no puramente religiosos. Mallorca, posiblemente por su insularidad, y el fuerte arraigo de esta tradición, lo siguió manteniendo.

La Sibil·la suele estar representada por un chico o chica de entre 10 y 14 años, aunque antiguamente eran eclesiásticos quienes tomaban el papel. En cualquier caso, como se emula a una mujer, el vestido es claramente femenino. Se trata de una túnica normalmente blanca aunque también pude ser de color. La tela está profusamente bordada y, en ocasiones, con galones dorados. Siempre va acompañada de una gran espada -dicen que de Goliat- que simboliza el poder y la muerte que nos traen sus augurios: La llegada de Jesucristo y con él, el fin del mundo y la bajada a los infiernos o la subida a los cielos, según los méritos de cada uno.

En Mallorca la Sibil·la tiene su máxima expresión en la Catedral de Palma, donde se canta desde el siglo XIV. No obstante no siempre ha sido así ya que durante algunas épocas y según el obispado fue prohibida por su excesiva “vulgaridad” y es que, cuando las misas eran en latín, el canto de la Sibil.la era ya en catalán.

La Seu de Palma se rige para esta escenificación por un breviario del siglo XVI, guardado como una reliquia en el monasterio de Santa María Magdalena de Palma y que según la tradición era usado por santa Catalina Tomás. Recoge dos representaciones, una corta solo con la Sibil·la, y una más larga que incluye la “procesión de los Profetas”.

El canto de la Sibil.la, como tal va acompañado de música que algunos creen que proviene de los cantos gregorianos y otros sostienen que tiene sus fuentes en melodías mozárabes, aunque en la actualidad esta melodía se ha refinado y adaptado.

El canto de la sibil.la solo puede oírse una vez al año. En Nochebuena, y no en todas las iglesias de Mallorca. Si no lo ha visto nunca, le recomendamos que lo haga, es una ocasión única de escuchar algo único, pero eso sí, vaya pronto, ningún día como éste las iglesias presentan un lleno tan espectacular. Y desde luego la Catedral de Palma es, sin duda, el mejor escenario. La tradición sigue mandando en la isla.