Su pasión por las plantas llevó a este barcelonés, perteneciente a la alta burguesía catalana, a dedicarse en cuerpo y alma a una de las profesiones más bellas que existen, el paisajismo, la floristería, la creación de ambientes para eventos y la decoración de algunos de los interiores más elegantes de Europa.

Hoy habla para Premium desde su activo “retiro” en Palma, donde posee una de las tiendas de decoración más exclusivas y reputadas, Il Jardinetto, en las que cada objeto está elegido con mimo en las mejores ferias del mundo, ferias que recorre para encontrar aquellos objetos que puedan satisfacer a sus clientes. Clientes exigentes y con gran gusto y que, en cualquier caso, saben asesorarse por su sabiduría de años al frente de un negocio que comenzó en Barcelona, una vez que nuestro protagonista decidió que no iba a trabajar en la empresa familiar, y sí seguir los pasos del jardinero de la familia, que fue quien le enseñó gran parte de lo que hoy sabe.

José María Janer
José María Janer

Todo comenzó en una parcela que su padre le dejó del inmenso jardín que rodeaba su casa en el Tibidabo barcelonés. Apasionado del paisajismo, que precisa de tiempo entre que se diseña un paisaje y este crece, decidió no tener que esperar y abrió una floristería especializada en crear eventos mágicos, que pudieran transformar un local vacio en un salón magnifico, en un solo día y para un momento determinado. El éxito fue atronador y le convirtió en indispensable en los eventos más reputados, privados o creados para las mejores empresas, primero de Cataluña y luego de cualquier punto de España o Europa.

Il Jardinetto
Il Jardinetto

Según nuestro protagonista una gran puesta en escena tiene que tener alma, y para conseguirlo hay que conocerla. Sus grandes momentos, en España, Italia o Francia han sido memorables, aunque el que guarda en su corazón con más cariño es la presentación de un artículo de Bulgari creado junto con la familia propietaria de esta marca emblemática del lujo italiano. Los Bulgari sabían transmitir sus deseos, sabían mandar y contagiar su sabiduría, dice. Al igual que agradece la confianza que durante tantos y tantos años le han demostrado las principales damas de la sociedad que confían en el siempre para embellecer los momentos más importantes de sus vidas. No quiere revelar nombres aunque son recordadas con admiración sus decoraciones de Navidad creadas para la Marquesa de Samaranch y que ella mostraba en las revistas, siempre vestida por Pertegaz, el creador de su vestido de novia y también del de la actual reina de España. El diseñador fue otro de sus amigos del alma.

En 1997, Janer decidió abandonar Barcelona para trasladarse a Palma y abrir un pequeño negocio que, en poco tiempo, comienza a crecer hasta convertirse en un referente de la ciudad. Triunfó a lo grande, debido a su sabiduría y a su forma de entender el negocio como un todo. Los clientes importantes deben ser tratados como lo que son y hacerles sentir siempre especiales. Cualquier cliente es importante y hay que hacerle siempre sentirse especial. En su tienda de Palma José María Janer conserva aún ese mundo menos masificado y recrea los gustos de una minoría selecta que busca el refinamiento y que, curiosa y afortunadamente, cada vez es mayor

En Mallorca la sociedad le adora y él ama a la isla. Conoce cada una de sus plantas, cada una de sus tierras, lo mejor de sus zonas húmedas y las grandezas que ocultan los espacios de secano. José María disfruta tanto de su trabajo que no piensa en el tiempo que invierte en el. Su vida ha sido y es trabajar crear. Y también cultivar la amistad. Adora aprender y nos recuerda a Terenci Moix, uno de sus grandes amigos con el que de niño se escapaba al cine para ver películas de Marilyn Monroe. Del fallecido escritor catalán alaba su pasión por la vida, pasión que de alguna manera se ha contagiado en su propia forma de entenderla. Un vivir constante que se ve reflejado en su nueva tienda, un espacio que ha cambiado dándole una vuelta de tuerca, reinventándose. El resultado no puede ser mejor. Solo da las cosas que él mismo tendría en su casa y este hecho es, precisamente, el que transmite a los clientes.

Janer ama las flores, particularmente las peonias, porque todas dan vida. La flor, aunque sea cortada, es la metáfora de la vida. Se abre, llega al esplendor y de repente comienza a mustiarse sin perder por eso la belleza de sus formas cambiantes. La vida es para él un cambio continuo, un ir constante hacia la belleza, hacia el transito definitivo que se refleja en su jardín particular del centro de Palma, en la calle Verí. Crear un decorado vivo, que cambia con las cuatro estaciones pero que también, cada día, se muestra diferente, es un regalo único y privilegio de unos pocos dotados de una estética capaz de ser disfrutada por muchos.

Esteban Mercer