Vanessa Vandergast
Vanessa Vandergast
Stevie Levy
Stevie Levy
Steve Smid
Steve Smid

¿Qué tienen en común Stevie, un hongkonés de 52 años de madre china y familia paterna judío alemana, con Vanessa, una neoyorquina por los cuatro costados aunque con ascendientes de los Paises Bajos, o con Steve, 33 años, de padre holandés y madre inglesa, un director de arte que residía hasta hace poco en Sidney, Australia?

Su nexo es Mallorca. Ellos, como otros miles de ciudadanos del mundo, venidos de culturas muy distintas a la española y mallorquina han elegido nuestra isla para vivir. ¿Qué les trae, qué les enamora, por qué se quedan? Veamos tres historias muy distintas que tienen como denominador común el amor por Mallorca.

Vanessa Vandergast como lo escribe ahora, o Vanessa Van der Geest como lo escribía su abuelo holandés cuando llego a las puertas de Nueva York, es una neoyorquina nacida en Philadelphia, con un 50% de sangre irlandesa por sus venas. Vanessa es una ciudadana del mundo: Mexico, Chile, Inglaterra, Francia, Alemania, Australia, Thailandia, Turquía, son algunos de los lugares donde ha residido por trabajo o estudios.

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España también, pues aquí, en la Universidad de Salamanca, cursó estudios durante un semestre cuando tenía 19 años. Y ahí inició su amor por Mallorca. Tres hermanas mallorquinas coincidieron con ella en la ciudad universitaria y de su amistad surgieron los veranos en nuestra isla. Ella mientras recorría Europa con su mochila “una aventura increíble -dice- que le abrió la mente y le cambió la vida”.

A pesar de tener la familia en EE.UU y ser una viajera empedernida, siempre tuvo Mallorca en su corazón “Me parecía una lugar perfecto. Me encanta el contraste del mar turquesa, el bosque, la montaña. Me fascina la arquitectura antigua de piedra y los patios privados y luminosos. Recordaba constantemente mis paseos por los pueblos y disfrutando de los olores del jasmín y los pinos, así como la comida recién hecha”.

Y en uno de esos viajes, Uep! Conoció a un mallorquín “Siempre venía de vacaciones para ver a mis amigas y su familia, hasta que un día, una de ellas me presentó a un amigo suyo. Al principio tuvimos una relación en la distancia, y al final me pidió venir a vivir con él”.

A Vanessa le encanta España “el sentido de humor, la manera de vivir la vida en el presente Hoy es hoy y mañana es mañana”. Le encanta el cine español, la guitarra española y, más que nada, coger un coche para conocer y disfrutar de un país tan rico, tan lleno de contrastes de paisajes, arquitectura, gente, y comida. A pesar de ello también añora New York “mi familia, mis amigos, mis sitios favoritos y la energía de esa ciudad impresionante, cualquier cosas que quieres conseguir o deseas...puedes alcanzarla”.

Mallorca en tres palabras: “Una naturaleza tremendamente preciosa y variada; una estilo de vida tranquila y de cualidad; y una comida buenísima”

Su lugar favorito de la isla: “Deià tiene una energía fantástica y mágica. Disfruto de las vistas impresionantes del mar y la montaña, y las preciosas casas de piedra. El sonido de las campanas de las ovejas y los niños riéndose en la distancia, me hace feliz. Es un mundo distinto, siento paz y tranquilidad cuando estoy allí.

Qué hace un día normal: “Pasear con mi bulldog francés, Noa, por el casco antiguo de Palma hacia La Galería Maior donde trabajo, saludando a mis vecinos por el camino. Me alegran el día cuando les veo. Es un lujo salir de casa y tener sitios maravilloso tan cerca como Gaudeix, Café Can Martí, Rialto Living y Obu, su buen servicio es algo que apreció mucho. En la galería, estoy feliz de trabajar en el mundo de arte contemporáneo, con artistas fantásticos. Siempre tengo que relacionarme con gente de todas los partes y nunca hay un día igual a otro”. Cuando no está en la galería, disfruta de otra de sus pasiones: dar clases particulares de inglés a gente de la isla, practicar yoga en Zunray, o comer un helado jamaicano de Can Miguel.

Arnold Levy, el padre de nuestro protagonista Stevie Levy, nació en Estados Unidos, lugar a donde sus padres, judío alemanes, tuvieron que emigrar precipitadamente cuando el nazismo se hizo fuerte en Alemania y las vidas de tantas minorías corrían peligro. Arnold tenía una empresa de electrónica con sede en New York y en uno de sus frecuentes viajes conoció a Mary Lou en Hong Kong, se enamoraron, se casaron y los Levy permanecieron en la colonia inglesa en China, donde tuvieron tres hijos, Stevie el mayor de ellos. Un día el mejor amigo de Arnold, otro estadounidense, le llamo desde Europa donde estaba viajando en parte de su vuelta al mundo y le dijo que tenía que venir a ver una isla en pleno Mediterráneo que le parecía el lugar más bello del mundo. Los Levy viajaron hasta nuestra isla y después de pocas semanas regresaron a Hong Kong para vender su residencia y negocios y trasladarse a Mallorca, tal había sido el flechazo.

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Stevie tenía entonces nueve años, cuando fue mayor siguió la tradición familiar, viajó y residió en muchos lugares, entre ellos la tierra de su familia, New York y Hong Kong. Esquiador empedernido también trabajó como monitor en los Pirineos, pero al final de su escapada decidió volver a Mallorca donde según sus palabras “todo lo que unos busca, lo tenemos aquí”. Abrió un bar primero y desde hace 18 años está al frente del Monkey, un restaurante muy cerca del Club Náutico Calanova, en la barriada palmesana de Sant Agustí. Cuando le pedimos por su lugar preferido de la isla nos manifiesta que es este, su barrio, Sant Agustí, donde vive y trabaja. Y si Stevie Egerton Dougals Doyle Levy -así es su nombre completo-, tiene que resumir en tres las ventajas de Mallorca nos habla del clima, de su cosmopolitismo y, como padre de dos jóvenes, Giordana y Antonio, la seguridad que encuentra en la isla.

Stevie no se plantea dejar la isla ya. Aquí está su familia, se casó hace años con una española, su negocio y la mayoría de sus amigos. Mallorca es ya para Stevie el final de muchos periplos y el lugar donde quiere vivir.

Steve Smid es un ciudadano del mundo. Paradójicamente nació en Mallorca, aunque solo hace tres años que reside de forma continuada. De padre holandés, de Assen, una ciudad del norte y madre inglesa nació en la isla fruto de un encuentro veraniego de sus progenitores. Su padre vino en verano a pasar sus vacaciones y allí conoció a una joven inglesa cuya familia regentaba un bar en El Arenal, de nombre El Sancho.

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Decidieron instalarse y quedarse a vivir en Mallorca. De ahí nació Steve, que de pequeño vivió en randa y estudió en el colegio Sant Bonaventura de Llucmajor, donde era el espigado extranjero que con poco conocimiento del mallorquín jugaba a canicas con sus compañeros en la calle.

Muy joven, su madre da un giro radical a su vida y se lo lleva a Zimbabue donde viven sus abuelos. “fue un shock - nos dice- llegar a una nueva escuela, paramilitar, con uniforme caqui, estricta y con un modelo anticuado, pero por otro lado fabuloso para un niño que podía hacer safaris los fines de semana y explorar el continente negro”. La antigua Rodhesia era un país de oportunidades, sobre todo si uno pertenece al 0,2% de su población blanca, pero tras tres años allí, consigue una beca para un internado inglés y se muda a Inglaterra donde vivió durante seis años.

Pero como todos nuestros protagonistas Steve tiene espíritu viajero y con 22 años y los estudios de diseño gráfico concluidos, decide irse a Australia y se afinca en Sidney, país y ciudad que le enamoran. Trabaja primero como diseñador y luego como consultor de empresas. Durante siete años, de los 23 a los 30, gana un buen sueldo, lleva una vida de ensueño, pero como nos dice, trabaja muchas horas al día con un ritmo frenético.

Durante unas cortas vacaciones en Bali, se topa con Ida Resi Alit, una famosa sacerdotisa hinduista, ella tiene un importante mensaje que darle y le invita a vivir con ella y su familia en la jungla. Steve acepta y se queda tres meses, siguiéndola a ceremonias, aprendiendo todo sobre su cultura y la espiritualidad balinesa. Al final, tras el reposo y la meditación, recupera muchos valores y el recuerdo de Mallorca y sus años de infancia le atraen y vuelve a Mallorca, sin planes, simplemente pensando en volver a ser feliz y retomando una vida con mas armonía.

De esto hace ahora tres años,  encontró un maravilloso trabajo en Omniaccess, una empresa puntera de telecomunicaciones especializada en llevar señal vía satélite a los mega yates que circulan por el mundo. Allí ejerce de art director aprovechando todo lo estudiado y vivido estos años. Y ha retomado el  contacto con sus amigos de la infancia y cambiado sus objetivos vitales.

Para él, Mallorca, es ante todo tranquilidad, personas con una actitud diferente, más vital, más humilde que en el mundo anglosajón donde ha crecido. Nos habla de las diferentes capas que puede encontrar en la sociedad mallorquina, desde un payés a un empresario, sin moverse mas que unos kilómetros, y la accesibilidad de ambos. Y al preguntarle por su lugar favorito de la isla nos sorprende cuando nos dice Cura en el Puig de Randa. Un lugar para ver y sentirse sereno, que le trae grandes recuerdos de su niñez.