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En los últimos años, el hotel La Residencia ha cambiado de propiedad, pero El Olivo no ha cambiado de cocinero; este ha sido un signo inequívoco de la solidez del trabajo que ahí viene realizando el chef Guillermo Méndez, capaz de crear y mantener una carta plenamente identificada con su territorio y especialmente con la lujosa puesta en escena del romántico restaurante.

La suya es una cocina de emociones antiguas, puesta al día con sensibilidad y con raíces, pero abierta al mundo a través de múltiples especias e ingredientes: Variación de verduras de temporada con pechuga de codorniz, setas salvajes y trufa; Lubina salvaje al horno con salsifí estofado, habas, jamón de jabugo y salsa de aceitunas negras; Solomillo ecológico a la plancha con calamares de “bou” al ajillo en salsa de aceitunas Kalamata… son solo algunas de sus deliciosas obras inscritas en esa corriente, de la que es pionero Benet Vicens, que ha conseguido poner en valor una de las cocinas más ricas, infravaloradas y desconocidas del país.

Méndez se cuenta entre los constructores de ese puente que une la cocina más humilde con la alta cocina. Inspira confianza la tranquilidad que trasmiten sus platos; en su equipo de rodaje y en el éxito de esas largas (es)cenas a la luz de las velas, participan Domenico Napolitano y Joana Pons, maître y sumiller.

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